Amanda "Amy" Victoria Smith

La esposa del profesor David Oscar Hardy, del Brasenose College,  es enfermera en el Sanatorio Teichen. Nadie podía imaginar que la hija del jefe de contabilidad del banco de Inglaterra y la prestigiosa modista M.J.Smith se convertiría en una de las mejores enfermeras de Londres. Pero tras las secuelas sufridas por su hermano Henry en la guerra, supo que quería ayudar; y sus métodos empezaron a tener resultados. Acabar con una plaza en Teichen ayudando a excombatientes le pareció una oportunidad caída del cielo.

 Rumor: No puedo dar verosimilitud a quienes dicen que la han visto en tugurios de mala muerte haciendo apuestas y bebiendo como un marinero sediento, ni tampoco a quienes la acusan de atender a maleantes o criminales. ¿Sugiere acaso que está involucrada en algún tipo de asunto turbio relacionado con el contrabando? Venga ya, absolutas infamias.

Ambición: ayudar a los desvalidos. Fundar una auténtica escuela en la que enseñar a rehabilitar a los desahuciados por la guerra. Cambiar la sociedad mediante la firme convicción de la ayuda al prójimo.

Secreto: no auguraba nada bueno que al atender a un soldado danés le hablará entre delirios y la mirara embelesado. Cuando repentinamente la ventana se abrió, un cuervo se posó en el pecho del enfermo, y que falleciera tras unos instantes ya la dejó bastante consternada…que el cuervo se la quedara mirando desde la ventana acabó poniéndole los pelos de punta…y ahí empezó todo.

Entre sus pertenencias encontró una antigua espada envuelta en unas telas raídas y un extraño yelmo en una caja. Cuando llegó a su habitación hizo lo que no debía: ponérselo. Que la espada le hablara en una lengua que no entendía y que no recuerde qué pasó después, ha sido lo menos extraño de las últimas semanas.

Saber por qué la espada está manchada de sangre la atormenta. Escuchar rumores sobre una siniestra figura que imparte justicia de manera muy expeditiva, no la tranquiliza en absoluto. Ver un titular en el periódico diciendo que alguien ha robado parte de la exposición sobre los vikingos en el British, ya no le sorprende. Ver la armadura casi completa encima de su cama y notar la imperiosa necesidad de completarla pase lo que pase, eso sí es algo que no tiene ningún sentido. Tan solo sabe que tiene que hacerlo. Ahora algo le dice que tiene un propósito; una palabra se repite una y otra vez en su cabeza: skjaldmö.