Miss Helen Lioncourt

La discípula del maestro Piotr Asternak y de la célebre Sidney Pratten es, sin lugar a dudas, un auténtico prodigio de la música. Ha llenado tres veces el Royal Albert Hall y colabora de manera activa en los Ateneos y conservatorios que solicitan su presencia, siempre que su apretada agenda lo permita. Se entrega a la docencia de cualquiera que sienta pasión por la música de manera encomiable y ha becado a algunos huérfanos. Fíjese, ha adoptado a esos pequeños: Oliver y Charlotte. No podrá negar que son encantadores. Por supuesto que su esposo, el misterioso inversor señor Lioncourt, existe; le han visto en alguna que otra ocasión, aunque no recuerdo exactamente dónde. Ahora cállese, va a empezar el recital.

Rumor: Que se diga que hace de modelo para fotógrafos y artistas no es algo tan extraño, pero si me dice que lo hace en la Rosa Negra ya me llama más la atención. Absolutamente no, ¿desde cuándo puede dar credibilidad a las habladurías sobre que se dedica a tocar en mugrientos locales del puerto? Tampoco le consiento que sugiera que tiene amantes entre las altas esferas; es una mujer que sabe lo que quiere…y claramente no es a usted.

Ambición: hacer que la música esté al alcance de todo el mundo, ignorando la clase social.

Secreto: trabajar de espía no es una tarea sencilla; si encima lo eres al mejor postor, la cosa se complica. La Srta. Lioncourt conoce secretos -muchos y peligrosos- de grandes potencias, de personas ilustres y de algunas que no tienen nada de ello. Y como buena espía, sabe cómo jugar “al gato y al ratón” con sus objetivos.